
La mariquita (coccinella septempunctata) acaso sea el animal que ha gozado de más simpatía en el mundo entero. Su pequeño tamaño, su brillante color rojo, el factor mágico que constituyen los siete puntos negros que la jaspean, y por último el servicio bienhechor que presta a la agricultura al devorar ávida los pulgones que se nutren con las plantas de cultivo le han granjeado la estima de todos, especialmente de los niños, quienes han jugado con ella, pero también de los adultos, quienes la han bautizado con un sinfín de nombres, todos destinados a relacionarla con la divinidad o con la suerte; en turco se la conoce como ugur bocegi (literalmente gusano de la suerte) y entre los judíos sefarditas de Marruecos como bichito de luz.